Hpérbole

La resistencia

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Texto Javier Rada

Desarrollo gráfico Eneko

Banda sonora Pablo Rada

Licencia creative commons

Cantos a epsilon

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Escrito y dirigido por Javier Rada

Proyecto de cine hiperbólico. Viaje a la distopía moderna

Tres enfermedades sacuden al hombre. Tres enfermedades quieren llevar la civilización al colapso. Tres hipérboles que indagan en las entrañas simbólicas de una sociedad que se retuerce entre piedras, saliva, y plástico…

¿Adivinas cuales son?

Creado por Don Estrafalario
Licencia Creative Commons

Kynodontas

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υπερβολή

Bastards!

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Hangman

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Manifiesto hpérbole

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Fotograma de Cantos a Epsilon, de Javier Rada

Nuestro mundo es hiperbólico, nuestra cultura, los credos, las religiones, las pasiones, la publicidad, el clima político se basan en la hipérbole…
La exageración, la disminución, y la potencialidad simbólica, se encuentran en una lucha abisal en constante reacción con nuestro espíritu y capacidades emotivas.

La sociedad de consumo es la mayor de las hipérboles, y la destrucción de nuestro hogar sus más nefasta consecuencia.

¿Por qué no debería ser el arte también hiperbólico?

Nuestro cerebro lo es. Y nuestros corazones, la capacidad de amar, de sentir, de expresar… Los niños son hiperbólicos, el humano es hiperbólico, las religiones, las pinturas en la cueva…

¿La guerra de la Ilustración- aquel doloroso proceso que trabajó para destruir el mundo antiguo, usurpar los arcanos de la vieja Tierra- ha llegado a su término y final? ¿Hemos capitulado?

Hagamos un balance histórico. Una vez finalizada la última batalla- la llamada era de las ideologías que creó a tantos monstruos extremistas- el resultado, lejos de ser racional y científico, es un nuevo orden que ha sustituido unos símbolos por otros. Y la guerra semiótica continua…

Negaron las supersticiones chamánicas para crear las propias, vaciándonos, dejando un humano convertido en solitario individuo, indefenso frente a las armas semióticas con las que es bombardeado gracias a la actividad publicitaria, y, especialmente, al poder omnívoro de la televisión, el cine, y los mensajes de terror político. Todos basados en hipérboles.

Es necesario por tanto pelear en igualdad de condiciones y reclamar nuestro espacio simbólico e hiperbólico para desenmascarar una sociedad cada vez más global que se encuentra anclada en el abuso y la injusticia, y que pelea por desnaturalizar al humano, modificando su condición de hijo de la Tierra por el de destructor de su conciencia cósmica.

¿Hemos capitulado?

El poder, ya sea en democracia o dictadura, no es solo aquel que ostenta el monopolio de la fuerza, su monopolio es también el de la significación.

Este monopolio hiperbólico genera bipolaridad social, y constituye la guinda para la destrucción de los referentes esenciales, una destrucción que iniciaron las grandes religiones monoteístas con su secuestro de la simbología popular o prehistórica, y que han continuado en los medios de creación de opinión pública actual.

En un universo de mensajes hiperbólicos en donde al ciudadano medio se le exige sentido común y corrección en su expresión emocional, es decir, mediocridad política, acaba produciéndose un circulo vicioso.

El ciudadano que se exprese de modo racional en un maremoto de exageración jamás llegará a hacer valer su voz. Las estructuras de poder tienen una frecuencia de sonido público a la que no llega la voz de los individuos. Estos individuos argumentan dentro de una hoguera de obscenidades en donde la inteligencia y la comprensión son inmediatamente colapsadas por un esperpento sin fin. La televisión actual constituye el más claro de estos ejemplos. Internet es su legado.

La respuesta es cambiar la frecuencia. Es la reapropiación, expropiación, regeneración de los símbolos. La respuesta es usar su propia frecuencia y aumentarla hasta cruzar los límites de lo real.

La respuesta es hacerlo en tu casa, en tu entorno cotidiano, aprovechar la revolución tecnológica como fueron aprovechadas otras revoluciones en el pasado. Vivimos un momento único. Y hay que utilizarlo.

La respuesta es usar la hipérbole como ruptura y nueva trinchera de batalla en una guerra que parecía perdida por haber equivocado los escenarios de lucha.

La respuesta es que el humano vuelva a ser original, propio, imaginativo, creativo, y hermoso. Para ello vamos a tener que luchar en los campos de la significación, responder a sus bombas semióticas con las nuestras.

Las ideologías y los mensajes paternalistas solo crean dictaduras o, en el mejor de los casos, dictaduras de cuatro años. La muerte y el dolor no son creativos. No existe lo objetivo y no existe lo exigible en la totalidad.

La hipérbole busca denunciar y desnudar. Desnudar la realidad mediante la reducción y exageración simbólica, desenmascarar mediante un trabajo detonador las estructuras de signos creadas, y que defienden una tesis de realidad supuesta y aceptada, transmitida por el consenso de amplificación de la sociedad de la información.

La respuesta es la rectificación de los nombres confuciana, es el automatismo del surrealismo, es la deformación grotesca del esperpento, es la inspiración del trabajo de otros tantos santos que intentaron estimular nuestra fe perdida.
Esta debería ser la propuesta para una ramificación o aborto en la historia del arte y de la cartografía vital que representa toda expresión artística.

Madrid, mayo de 2010, mes del amor y la locura, barrio de Fuencarral

Historia de los ojos azules

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Texto javier rada

dibujo eneko

Quien dijo miedo

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La Rotonda terminal

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Historia de una aberración urbanística.

Niño idiota

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Oído en una calle de Fuencarral:

Ese niño debe ser idiota, corre bajo la lluvia, danza como los indios sin alma, gira sobre su torso como un diablo sufí. Azuza sus perros de presa, mientras el agua arrecia, cañones líquidos que se desploman sobre un escenario que esconde a los ocultos y los soñadores que fuman rubio en un balcón sin cobertura. Pero este niño idiota sigue corriendo, y azuza a sus perros imperiales, y sonrie bajo el diluvio que purifica su día, y le hace sentirse más cercano a los hombres descalzos y a los furtivos cazadores de espejos…

Oído en mi cabeza